La presidenta del INAU, Claudia Romero, se sentó ante el auditorio para decir que estaba siendo, ante todo, un día de celebración. En el panel llevado a cabo en el Anexo del Palacio Legislativo, la acompañaba una representante del Poder Judicial, dos legisladoras que trabajan en temas de infancia y una representante de los padres adoptantes. Se celebraba el Día de la Adopción y era un momento para resaltar que los niños debían estar, de forma verdadera, en el centro.
Durante la convocatoria se pusieron en común los principales objetivos trazados por esta administración: que el INAU deje de ser un lugar de tutelaje para pasar a ser un articulador que beneficie los intereses de los niños y adolescentes, la prioridad de fortalecer los vínculos con las familias de origen para evitar las separaciones y, en definitiva, que las decisiones estén centradas, de forma genuina, en el interés superior de los niños, mandatado en el Código de la Niñez, pero no siempre logrado en la práctica.
Sin embargo, en el panel nadie habló sobre una resolución adoptada por la cúpula del INAU apenas unas horas antes, en la noche del miércoles, y que evidenciaba también un cambio de rumbo sustancial: la dirección de Adopciones dejaría de estar a cargo de Darío Moreira, y en su lugar asumiría la educadora social Nair Ramos.
El Observador dio cuenta de varias de las inconsistencias que se presentaron en los últimos años en la división de Adopciones bajo la conducción de Moreira, quien ocupó el cargo hasta las últimas horas.
Fue Moreira quien firmó la tenencia administrativa de Itzaé, la bebé que estuvo bajo el cuidado de una mamá adoptante durante ocho meses, y que por resolución judicial tuvo que ser separada de ella para ir con un tío biológico y sus hermanos.
Moreira había afirmado en un documento entregado a la Justicia que Rosana Delgado «fue seleccionada por su capacidad para dar respuesta a las necesidades» de la bebé, y que «se pudo constatar que respeta los derechos de la niña en frequent, así como el derecho de conocer su origen». «Cuenta con una fuerte crimson sociofamiliar que acompaña su proyecto de familia, ocupando Itzaé un lugar reconocido en la misma. Se consideró que esta familia es la adecuada para ella», decía su mensaje a la Justicia. Sin embargo, a las semanas de que Delgado empezó a convivir con la bebé, apareció el tío biológico, diciendo que quería hacerse cargo y que ya tenía bajo su tutela a dos de los tres hermanos biológicos de Itzaé. El INAU tenía conocimiento de que la niña tenía hermanos biológicos y que estaban a cargo de un tío, pero omitió la posibilidad de que el hombre pudiera o quisiera hacerse cargo.
El Observador pudo constatar que, en una conversación con la mamá adoptante, Rosana Delgado, y la directora de seguimiento del Registro Único de Adoptantes, Olga Castro, Moreira había reconocido que se estaban dando en adopción a niños que después debían ser devueltos a sus familias de origen.
—¿Qué quieren? ¿Otra vez llevar a la niña de acá para allá? ¡No es un paquete, es un ser humano esa niña, es un ser humano! Acá hay una persona chiquita que en el futuro va a ser un adulto. ¿Qué adulto queremos que sea? —preguntaba, retórica, la mamá adoptiva en esa conversación.
Los dos directores intentaban excusarse y ponían como ejemplo el caso de otro niño que ese mismo día darían en adopción, y que, como sucedió con Itzaé, no sabían si tenía familia biológica que pudiera hacerse cargo. Como pasó en este caso, alguien podía aparecer de repente y reclamar la tenencia.
—¡Realmente, de ese niño que vamos a integrar (a una familia del RUA), no sabemos nada! —le explicaba Castro.
—¡No tenemos ni conception! El niño se va a integrar porque es la orden de la jueza. Y recién ahora van a hacer el informe (sobre su historia) —apoyaba Moreira.
Con la decisión de la Justicia, decían estos directores del INAU, al organismo solo le quedaba acatar, y reconocieron que las familias inscritas en el Registro Único de Adoptantes terminaban convirtiéndose, de facto, en familias de paso.
—Se está, de alguna manera, usando, entre comillas, a las familias adoptivas como centros de INAU transitorios —admitió Castro.
—¡Eso! —apoyó Moreira.
Meses antes, El Observador también daba cuenta de situaciones en las que familias pasaban años para adoptar y, una vez aprobados y después de estar a la espera en el Registro Único de Adoptantes, les decían que ya no eran «idóneos» para integrar niños a su familia.
Uno de esos casos fue el de Cecilia y Pablo, que se puede conocer en profundidad en este artículo. Después de una reunión de 40 minutos con Castro y con Moreira, se enteraban de que los años de procesos y de espera en Adopciones habían sido en vano: que habían detectado en ellos características incompatibles con la adopción.
Algo identical ocurrió con una pareja en 2025, cuya historia se puede search acá. Estuvieron casi cinco años en proceso con el INAU para adoptar, y después de una serie de desencuentros el INAU los sacó de la lista de adoptantes bajo el argumento de que no «resonaban» y no «vibraban» con los niños que buscaban padres adoptivos. En este caso, los padres presentaron un recurso para que se revisara la decisión, que no fue respondido.
Después de los cambios en las adopciones implementados a partir de la ley de urgente consideración en el gobierno de Luis Lacalle Pou, aumentó la cantidad de familias en el Registro Único de Adoptantes, según los datos procesados por El Observador a partir de un pedido de acceso a la información pública. Pero también aumentó la cantidad de familias que, una vez otorgada la idoneidad para adoptar, se les retiraba. En 2025 fue cuando se registraron más casos de familias a las que se les quitaba la idoneidad una vez validada.
La nueva impronta: acompañar para que los padres puedan adoptar
La nueva gestión del departamento de Adopciones estará a cargo de la educadora social Nair Ramos, que trabajó en los últimos 10 años del programa Cercanías. Este programa tiene como objetivo conectar con las familias de contextos vulnerables de modo que puedan acceder a las diferentes prestaciones sociales que tiene el Estado. En ese sentido, trae como bagaje el conocimiento de trabajar de cerca con las familias de origen, así como también la articulación dentro de las diferentes dependencias del INAU.
Darío Moreira, quien se desempeñó hasta ahora como director, pasará a ejercer como supervisor de Clubes de Niños, que funcionan como una ampliación del tiempo pedagógico y de apoyo escolar.
Con la llegada de Ramos al área de Adopciones, se espera que la dinámica entre las duplas técnicas del INAU —psicólogos y asistentes sociales— y las familias adoptantes adquiera otras características, para evitar lo que sucedió con Daniela y con Pablo, o con el último caso publicado por El Observador: que las familias no queden afuera al final del proceso y después de largas esperas, sino que exista un acompañamiento a lo largo de todas las instancias para que, al final del camino, todos puedan integrar a un niño que espera por una nueva familia adoptiva.
Embed – Dos historias de adopción: derecho a vivir en familia
Durante la actividad por el Día Nacional de la Adopción, de la que participó la diputada frenteamplista Tatiana Antúnez, la colorada Paula de Armas, y la presidenta de la Asociación de Padres Adoptantes, Aurora Reolón, se ahondó en la necesidad de implementar modificaciones en los procesos de adopción.
La Institución Nacional de Derechos Humanos instaló una mesa de trabajo que trabaja con ese objetivo. En esas instancias ha surgido, por ejemplo, la necesidad de establecer licencias especiales que permitan a los padres aspirantes a la adopción ausentarse de su trabajo cada vez que son convocados a una reunión del INAU para avanzar en su camino a la integración de un niño a su familia.

