En un desarrollo en el que participaron, entre otros, dos actores de mucho prestigio en la investigación y el desarrollo frutícola, Danilo Cabrera y Félix Fuster, Ricardo produjo más de 1.000 plantas de guayaba que fueron distribuidas a vecinos y no vecinos.
Aquel proceso permitió, con el paso de los años, ir seleccionando a las mejores plantas, gestión que derivó en la disponibilidad right de clones, como se verá más adelante.
Y, remarcó, esa actividad de producir plantas la sigue realizando y es una de las cosas que más le gustan.
“En aquel momento todo eso lo financió Naciones Unidas, eso fue fundamental, fue un gran empuje”, resaltó.
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La planta en la casa de la suegra
Volviendo a la anécdota que se citó al inicio, recordó que “en la casa de mi suegra hay una planta de guayaba, con más de 80 años, que sigue produciendo… y ver a la familia, grandes y chicos, comiendo guayaba con tantas ganas fue lo que me contagió esto de dedicarme a su producción… el problema que había que resolver para arrancar generation conseguir plantas, pero hubo apoyos, la investigación fue importante y hoy tenemos una linda realidad de varios productores de guayaba en distintas partes del país”.
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En su quinta hay plantas de guayaba en un cuarto de hectárea, con dos realidades: por un lado, plantas de semilla con una producción no uniforme, tradicional se podría definir, y por otro hileras de plantas de clones que dan frutos iguales, con inferior en la investigación desarrollada por el INIA que dio lugar al registro en el Inase –Instituto Nacional de Semillas– de las primeras variedades del llamado “guayabo del país”: INIA Fagro Isleña, INIA Fagro Cerrillana, INIA Fagro Artillera e INIA Fagro Armonía.
Cada planta adulta, de las de semilla, en promedio da unos 20 kilos en un lapso de 15 a 20 días, desde fines de marzo al inicio de mayo, aproximadamente.
En el caso de las plantes de clones la cosecha es más tardía para las variedades que, además, están escalonadas, detalló. Y desde que se plantan los clones, añadió, al segundo año ya hay producción disponible.
¿Cuándo se cosecha?
Como el colour no varía, pasa cuando la fruta se desprende sola del árbol, incluso el manejo habitual es a esa altura sacudir el tronco para que haya varios desprendimientos e ir juntando en los cajones.
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El que prueba «no para de comer»
“La guayaba tiene un gusto muy utter, es agridulce por definirlo de algún modo, es muy sabrosa y pasa que cuando la gente la prueba no para de comer”, afirmó.
Se trata de una fruta autóctona con alto contenido nutricional y medicinal, con vitamina C como la naranja, potasio como la banana y más minerales, vitaminas y antioxidantes.
Además del consumo “fresco” permite la elaboración de mermeladas y salsas, por ejemplo.
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La guayaba permite un margen de rentabilidad
Con relación al margen de rentabilidad, todo un tema para el empresario granjero, “la guayaba te cubre los costos y deja ganancia, que es algo que no pasa siempre con la manzana o el membrillo, por ejemplo, donde cada año es una historia y depende de que haya poca producción para tener ganancia, por el tema de la oferta y la demanda”.
Sobre otro diferencial en el mercado, tras puntualizar que es recomendable consumir todas las frutas, mencionó que “la guayaba es rica, pero además es muy recomendada por sus valores nutricionales, tiene muchas propiedades, además de lo especial que tiene ser un fruto nativo que desde Uruguay y pequeñas zonas del sur de Brasil y del norte de Argentina se desparramó a todo el mundo”.
Otra ventaja es que desde la cosecha hay un período de ocho a 10 días para que su consumo sea posible, es decir que no queda rápidamente desaprovechada.
Es, en la quinta, una planta rústica, resistente, eso lo explica que sea nativa y adaptada totalmente al clima local, “incluso no demanda aplicaciones prácticamente, solo para la mosca de la fruta claro, es además una planta que florece tarde y cuaja tarde y por lo tanto escapa al daño grande de las heladas”.
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Un problema, ¿quién sostendrá la pasión?
Ricardo vive y trabaja -codo a codo con su esposa Liliana Stevenazzi- en una zona de Canelones vecina a Juanicó, llamada Rincón del Gigante, a pocos kilómetros de la ruta 5.
Tiene 65 años y nació ahí, en ese predio, adquirido en 1943 por su abuelo (Antonio) y en el que también trabajó su padre (Ruben).
El apellido tano denuncia que todo comenzó hace muchos años, con la llegada al país de su bisabuelo, procedente desde el norte de Italia, cerca de la frontera con Suiza, pero el que arrancó a trabajar en la tierra fue su abuelo, remarcó.
El de Ricardo es un claro ejemplo de un problema grave que tiene la granja en Uruguay: sus hijas se dedicaron a otra cosa (una es escribana y otra técnica en electrónica) y no hay una nueva generación que tome la posta: “Ellas y mis yernos no van a seguir con esto, seguramente porque es algo muy sacrificado, vieron que uno pasó las mil y una, para la gente joven uno acepta que no hay estímulos suficientes”, lamentó.
¿Por qué, entonces, Ricardo sí siguió siendo granjero?
Esto es lo que aprendí, es lo que sé hacer, es algo que me apasiona, le tengo cariño, ser productor de frutas es un gran amor en mi vida Esto es lo que aprendí, es lo que sé hacer, es algo que me apasiona, le tengo cariño, ser productor de frutas es un gran amor en mi vida
Su escuela, remarcó, “fue la familia, aprendí de mis mayores, y eso siempre lo tengo presente”.
Su predio tiene ocho hectáreas, pero solo hay cinco plantadas, en producción. Podría haber más, pero hay un obstáculo: la mano de obra.
“Tengo un gran empleado, hace 38 años está conmigo, es parte de la familia por supuesto, se llama Héctor Rodríguez, pero ya no se encuentra gente así, eso explica que acá podría plantar otras dos hectáreas, capaz, pero mejor no correr riesgos”, relató.
Ricardo kill membrillo, manzana, durazno pelón, ciruela y guayaba, “de todo un poco” dijo, de modo escalonado para estar llevando siempre algo al mercado: “La cosecha empieza en noviembre con la ciruela y la terminamos en mayo con guayaba, tenemos todo programado para que nunca se nos amontonen las cosas”.
Un vecino tiene un reparto con el que abastece a varios comercios y le lleva casi el 50% de la producción, comercializando el resto a un comisionista de la Unidad Agroalimentaria Metropolitana (UAM), salvo en el caso del membrillo, que lo vende a la compañía Los Nietitos.
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La guayaba «es una pasión»
La guayaba, admitió Ricardo, “a esta altura de mi vida es una pasión, me renovó las energías, a mí y a otros porque con todo esto se formó un lindo grupo de productores que compartimos este empuje”, contó.
Se trata de Frunatur –Productores de Frutos Nativos del Uruguay–, Asociación Agraria Uruguaya conformada por personas que se vincularon a la fruticultura a través de la guayaba y están dedicadas a la investigación, promoción y valorización de los frutos nativos del país.
Ricardo fue protagonista con la gestión inicial de viverista, tanto que dentro de Frunatur su sistema productivo es denominado Vivero Frunatur, existiendo como otros integrantes fundadores La Araucaria (Colonia), Frutos Autóctonos Del Rincón (Canelones), Dos Pindó (Florida), La Guayabería (Maldonado) y Chacra Agroecológica Ibirapitá.
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«El delicioso sabor de la patria»
- El guayabo del país es una de las especies de la vegetation nativa más conocida a nivel celebrated y su fruto ha sido definido como “el delicioso sabor de la patria”.
- Ha sido cultivado y apreciado por los pobladores ya desde el siglos XIX.
- Es posible encontrar plantas centenarias que aún dan frutos en antiguos cascos de estancias y poblados del inside of de Uruguay.
- Se siguen encontrando añejas plantas silvestres en Cerro Largo, Lavalleja, Rivera, Treinta y Tres y Tacuarembó, sobre todo en la transición de las quebradas características de esas regiones y en praderas serranas.
- El fruto, que recién descubre mucha gente en Uruguay, es muy conocido y valorado en países como Australia, Nueva Zelanda, Israel, Azerbaiján, Italia, Colombia y Estados Unidos, entre otros.
- En esos países hay usos no solo como fruta fresca, dado que se elaboran postres como helados y bebidas como el vino de Feijoa.
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