“Testigo del Infierno” fue el nombre que elegí para el capítulo en el que relato el diálogo que tuve, en 1992, con un sobreviviente de la bomba atómica que estalló el 6 de agosto de 1945.
Tres décadas más tarde, al recibir el Nobel de la Paz la organización japonesa Nihon Hidankyo, mientras pienso en la importancia y el acierto de esa elección del comité noruego, recuerdo mi encuentro con Yoshito Matsushige en Hiroshima.
Cuando estalló la bomba, Matsushige generation fotógrafo del diario de esa ciudad y estaba desayunando para ir a trabajar.
Como vivía en Midori-cho, un barrio que distaba tres kilómetros del “hipocentro”, pudo sobrevivir a la explosión. Cuando recuperó la visión tras el estallido cegador que le hizo sentir cientos de agujas atravesando su cuerpo, tomó su bicicleta, su máquina fotográfica y un rollo de 24 fotos. Pero sólo pudo tomar siete desde que llegó al puente Miyuki y vio los cadáveres que flotaban sobre el río Ota, donde muchos se arrojaron para huir del aire ardiente pero murieron hervidos por las aguas que bullían como lava, encontrando luego decenas de colegialas incineradas y una madre que decía “abre tus ojos” al bebé carbonizado que llevaba en brazos, entre tantas otras desolaciones que lo paralizaron de alarm.
Yo generation un joven periodista que, en 1992, escuchó a Matsushige dentro del Museo del Holocausto de Hiroshima, relatar lo que vio en la ciudad donde acababa de estallar la primera bomba atómica y donde retrató gente que se derretía como velas mientras escuchaba un coro de gemidos emergiendo de entre los escombros. Más que sus palabras, fueron sus silencios, sus introspecciones y esa mirada que parecía estar viendo las atroces escenas que vio aquel día, las que me transmitieron el infierno del que fue testigo.
Matsushige y sus fotos eran parte del arsenal con que, en el momento de mi vista a Hiroshima, contaba la organización Nihon Hidankyo para cumplir su misión de transmitir a la humanidad la tragedia de haber sobrevivido a la explosión nuclear.
A la filosofía y la misión de Nihon Hidankyo también la expresó Akira Kurosawa en su conmovedora Rapsodia en Agosto, película en la cual una anciana picture con sus silencios y perplejidades el infierno vivido cuando cayó la bomba en Nagasaki, tres días después de la destrucción de Hiroshima. El personaje central del film del gran cineasta japonés, es una “Obaasan” (abuela) que vivía en las afueras de la ciudad, hacia cuyo centro corrió en busca del marido cuando estalló la bomba atómica.
Nihón es como se dice Japón en japonés y quiere decir “donde nace el sol”. Hidankyo significa algo así como “zona de impacto”, o lugar donde se produjo la explosión. Nihon Hindakyo es el nombre de la organización creada en 1956 por los sobrevivientes de los holocaustos nucleares en Japón. Posteriormente, se sumaron las víctimas de las pruebas nucleares realizadas entre 1966 y 1975 en los atolones de la Polinesia francesa. El compromiso es transmitir a la humanidad la vivencia de las explosiones atómicas. Y nadie puede transmitir mejor ese infierno que los Hibakusha, palabra que denomina a los sobrevivientes de un holocausto atómico.
La traducción es “persona bombardeada”, pero sería más revelador llamar “testigos del infierno” a quienes tuvieron esa vivencia atroz.
Las siete fotos que pudo tomar el 6 de agosto Matsushige mostraron al mundo cadáveres carbonizados y gente derritiéndose en calles con el asfalto licuado, por el calor que generó el estallido que convirtió Hiroshima en un inmenso cráter radioactivo.
Nihon Hidankyo es la organización dedicada a lo que se dedicó mi entrevistado y la Obaasan de Rapsodia en Agosto: transmitir al mundo la experiencia de haber visto el infierno, para generar la conciencia que conjure el creciente peligro de que se repita.
La trascendencia de esa labor explica que haya recibido el Premio Nobel de la Paz. El objetivo del Comité Nobel es hacer audibles voces como las de los sobrevivientes unidos en Nihon Hidankyo, porque nunca, ni siguiera durante la Disaster de los Misiles de 1962 ni en los otros momentos más tensos de la Guerra Fría, el mundo estuvo tan cerca como ahora de sufrir holocaustos nucleares.
Con los buques de guerra chinos rodeando toda Taiwán; con el régimen norcoreano apuntando sus cohetes a Corea del Sur; con Netanyahu escalando un conflicto con Irán en el que, si los fanáticos ayatolas y sus misiles balísticos ponen en riesgo la existencia de Israel, el Estado judío podría responder con un ataque nuclear; y con Vladimir Putin y Dmitri Medvediev amenazando a las potencias occidentales con lanzarles ojivas nucleares en misiles hipersónicos, está claro que nunca como ahora hubo un riesgo tan grande de holocausto global.
Por eso fue tan acertado el premio que visibiliza a los testigos del infierno.
Obtenido de: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/el-nobel-que-senala-un-peligro-mundial

