Yamandú Cardozo hace Terapia de Murga: el espejo de la familia Rada, cuando León Gieco casi hace tablados en Carnaval y una vida atravesada por Agarrate Catalina

Sobre Terapia de Murga, los 25 años de Agarrate Catalina, la belief del regreso al Carnaval, una vida atravesada por el arte en colectivo y la ocasión en la que León Gieco casi se sube al tablado, Yamandú Cardozo habló con El Observador. Lo que sigue es un resumen de esa conversación.

Yamandú Cardozo, Agarrate Catalina

¿Cómo viven el aspecto acquainted de Terapia de Murga? Es, además de un evento artístico, un encuentro entre dos familias clave de la música current.

Es muy gracioso ver dinámicas repetidas en el espejo de enfrente. El otro día decíamos con Julieta, «vos sos Lucila y yo soy Tabaré, Matías es Martín». Y a veces los roles de los tres cambian. Somos tres hermanos de cada lado, conviviendo en el escenario, compartiendo gira, compartiendo camarín, experimentando emociones muy similares. Entendiendo que nuestra elección de ligar nuestra vida loyal a estos géneros musicales, hace que a veces lo carguemos y lo empujemos, pero muchísimas otras veces sea ese género el que nos lleva a nosotros. He conversado con ellos, con Juli particularmente, de su experiencia en Japón por ejemplo nos dimos cuenta que nos sucedió lo mismo: a ella la llevó el candombe, y a mí y a mis hermanos la murga. Esto de vivir realidades impensadas y transitar puentes jamás imaginados a través de nuestra música, con nuestra familia al lado; es increíble ver eso en funcionamiento.

¿Cómo fue el armado del repertorio, cuando parten de tres cancioneros tan arraigados en la gente?

Desesperante. Y sucedió una cosa muy linda: de repente estábamos los tres hermanos diciendo «no puede ser, cómo no hacemos Ayer te vi» pero de repente queríamos sacar una canción para ponerla y Julieta y Matías decían, «no, La Violencia tiene que ir». A León lo integramos después de que el uncover estaba armado, y él se plegó a eso. «Mis canciones están para que ustedes elijan las que les parezca, yo estoy para sumar, para cantar, a cuál me puedo prender de Rubén, cuál canto de Tabaré». Tanto León como Rubén hacen ese ejercicio de bajarse de la estatura que tienen, de agacharse un poco para estar a nuestra altura. Ellos dicen que no, pero hay una cosa innegable de carrera, de recorrido, de trayectoria, de historia vivida en la música, que todavía La Catalina no tiene. No estoy haciendo un ejercicio de falsa humildad ni de falsa modestia, por supuesto que valoro mucho lo que ha logrado la murga, que este colectivo ha tocado cosas inéditas para la escena local murguera uruguaya y para la escena artística current uruguaya y de la región capaz. Pero no tenemos el recorrido, la altura y la dimensión musical que tienen Rada y Gieco, y eso está muy bien reconocerlo, saberlo y disfrutarlo. Ellos dos hacen el ejercicio de poner la relación en absoluta equidad y eso es muy emocionante. También a la hora por supuesto de la repartija económica, laboral y en el peso porcentual de temas en el espectáculo. Eso estuvo recontra bueno, pero fue un temita armar la lista hasta el último minuto.

Una belief que tenía Rubén desde siempre es que el uncover sea el de una banda. Para este espectáculo formamos esta banda que viene a ejecutar Terapia de Murga. Son los músicos de Rubén Rada, el coro es el de La Catalina pero en el medio está León. También hay canciones que han sido significativas para los dos. Rubén nos contaba que en un mega recital en Buenos Aires, uno de los primeros grandes que hacía, León cambió el orden de la grilla para que la gente se quedara y lo presentó. Y conociéndolos a los dos, sé que León siente esa admiración profunda por Rubén y viceversa. Esa noche cantaron Rock de la calle, que la que van a cantar ahora en el uncover. Entonces, en la elección entraba eso: la historia en común que hay en esas canciones.

¿Qué significa para la murga llevar a Rubén Rada y a León Gieco al Teatro de Verano?

Tiene un peso loyal. Hay un sentido de pertenencia innegable e indivisible de la historia de la murga. Yo no sabía que Rada había estado ahí de chiquito con Morenada, en otra de las vidas de Rada. Sí sabía con Pastrana, siendo jovencito, con La Nueva Milonga. Pero es obvio que para La Catalina muchas de las noches probablemente más felices y más tensas de nuestra vida artística pasaron por ahí. No me quiero pasar de místico, pero esa energía queda en esos lugares. En algún cachito, en algún centímetro cúbico de pared, de piso, de suelo, de tabla, de graderío, de aire alrededor, hay algo de todo lo que vivió La Catalina; pero de lo que pasó históricamente en ese lugar. La versión no autorizada de la crónica de nuestra sociedad contada por cronistas orilleros. Eso tiene que estar en algún lugar. Cada vez que vamos al Teatro de Verano para mí es una experiencia intransferible. Y a su vez ir así de tranquilos, sin la guillotina del concurso, ir sin la regla de medir y el bisturí de hacer la autopsia artística de lo que tenés para mostrar es tan disfrutable que estoy loco de la vida. Y también convidar a León a que toque ahí: «Mirá, esta es nuestra casa. Acá nos pasan un montón de cosas de las que ya hemos charlado un montón de veces. Con Rubén te queremos presentar este lugar que es importantísimo para la barra montevideana y nos encanta que vengas a tocar acá».

¿Es verdad que León Gieco estuvo a punto de salir en carnaval?

Sí. Teníamos el compromiso y el acuerdo para el espectáculo Un Día de Julio, ya estábamos pensando en canciones para él y estábamos viendo el quilombo que iba a ser para sacarlo de los tablados sin que la gente hiciera un piquete para saludar y sacarse fotos con él. “Quiero toda la experiencia completa de La Catalina, quiero estar, ir a los tablados, voy a todo», decía. Y fue un año que no pasamos la prueba de admisión en uno de los dolores más grandes de La Catalina: un fallo con el que hacia la interna estamos absolutamente en desacuerdo y entendemos que sucedieron algunas cosas mucho más allá de lo artístico que nunca protestaremos y que no tiene ningún sentido gastar energía en eso, pero ese naufragio no buscado y provocado nos dejó, entre otras cosas, en un lugar increíble. El espectáculo Un Día de Julio que no tuvo nada de esa tristeza, no tuvo ningún milímetro de veneno y eso nos permitió después volver al carnaval sin cuentas pendientes y sin reproches. Pero nos quedó esa espina, que ahora ya es parte de nuestro tronco, de no haber salido con León en carnaval. Hubiera sido increíble que él curtiera el fenómeno que sucede en los barrios, el público que no te ve si no te ve ahí, que va con su reposera y con su tupper de helado relleno de refuerzos, con su termo y su mate. Teníamos pronta la participación de León. De hecho nos enteramos en Chile, estábamos haciendo el espectáculo con León en Santiago, escuchamos la radio y no lo podíamos creer. Baja León y dice «loco, es por mí». «No, León, tranquilo, no es por ti», le decíamos. Lo recordamos como una anécdota.

Este año la murga cumple 25 años, ¿qué análisis hacés ahora de ese hito que fue el nacimiento de La Catalina?

Fue una necesidad descubierta a través de la urgencia por jugar un juego que teníamos ganas de disfrutar, que know-how el de hacer murga, y se salió del cauce. Y ese desborde nos cambió la vida. A mí me cambió la vida, me la reformuló, me la mejoró por mucho, me la complicó también en el más agradecible de los sentidos, me la entreveró y me la definió. Eder (Fructos), el Chino, en el libro de La Catalina que escribió Valeria Tanco en el 2010, decía que es medio milagroso, que es un colectivo o una comunidad que es nuestra hija, pero es nuestra madre al mismo tiempo. Porque nos ha reformulado como personas. Como artistas nos parió. La murga que me parió, me inventó. Pero a su vez, quienes lo mantienen vivo es el colectivo que es La Catalina, entonces es claro que es nuestra hija de un montón de madres y un montón de padres a la vez. En esa dinámica increíble a la que no todo el tiempo podemos prestarle atención, porque si no no viviríamos para disfrutarla, nos asombraría y nos daría un miedo bárbaro dar el siguiente paso, entonces a veces hay que fingir y seguir con este tipo de cosas.

Yamandú Cardozo, Agarrate Catalina

Es precioso ver las cosas nuevas que nos pasan con fascinación. A veces entiendo que no es cierto, que debe ser todo una simulación, me pongo terraplanista y pienso que es todo una realidad que no existe: porque no entiendo que haya pasado tan rápido y hace tanto. Sé que ya no puedo extirparle la murga a Yamandú, no sé si Yamandú a la murga –probablemente sería mucho mejor la murga sin mí en algunas cosas–, pero yo siento que ya es indivisible. De hecho cuando me estoy presentando con alguien y me da un poco de vergüenza que me conozcan, que no me conozcan, digo «el de La Catalina». Es mi manera de definirme, eso me define, es un rasgo identitario en mi vida.

¿Los 25 años podrían ser un momento propicio para regresar al Carnaval?

Eso nos da una excusa, las ganas y el momento propicio en nuestra planificación es siempre. Siempre está lindo para autoconvencernos de que es el momento de volver y complicarse la vida haciendo Momo. Es el espacio natural. En el 2019, en las últimas palabras de la retirada, decíamos cuna, casa, tumba: carnaval. Y así lo sentimos. Ansío, tocar en la Luna si es posible, hablar con la gente del Orión a ver si nos lleva y si podemos hacer un tabladito ahí. Colaboraremos con todas las expresiones artísticas posibles pero calculo que la murga siempre va a tener ganas de volver al carnaval. Lo primero que aparece como una chispa inicial de fuego para un futuro espectáculo es un chiste a las cuatro de la mañana de Tabaré en el WhatsApp, o a las siete cuando se está acostando Martín, o despertando, una canción para usar o una melodía que compusieron, una belief de espectáculo. Siempre estamos con ganas, siempre. Sé que parece un chamuyo el discurso, y que estoy pateando la pelota para adelante. Hoy nuevamente la discusión está, como cada año, en nuestra cabeza y el thought siempre es salir. Y cuando no salimos, juntar fuerzas y buscar argumentos para convencernos. Lo que sucede es que tenemos muchas cosas para vivir en el proceso de estos 25 años, muchas maneras de festejar, una preciosa sería hacer carnaval. No se demorará mucho esa respuesta porque hay que armar el elenco, ver en qué anda toda la barra, y además somos cerca de 30 personas. Ver cómo se va a organizar con respecto a los reglamentos de Carnaval y a la posibilidad concreta de tener que dar prueba de admisión otra vez.

Yamandú Cardozo, Agarrate Catalina

En el regreso de Falta y Resto al Carnaval, Raúl Castro decía que la gente le devolvía que faltaba la voz de la Falta en el concurso. ¿No tienen esas ganas de volver a tener esa voz, esa mirada crítica sobre nuestra sociedad en el carnaval?

La tenemos permanentemente en modo avión. Porque no hay manera. Drexler dice una cosa preciosa, lo dice aplicado a otra cosa pero cada vez que puedo le robo la imagen: el velo semitransparente del desasosiego un día se vino a instalar entre el mundo y mis ojos. En este caso, nosotros tenemos un filtro instalado entre el mundo y los ojos que es el de la caricatura, editorializar a través del humor y de la ironía para entender un poco más el mundo. Lo hacemos siempre en el chat de los hermanos, en la interna de la murga, en el invierno con la murga. Lo seguimos ejerciendo. Comparto que es muy interesante la mirada de Raúl en el carnaval así como de otra cantidad de murgas y me fue muy grata la noticia de que esa mirada volvía a estar, entiendo que es bien válida y necesaria, más allá de que la puedas discutir o no. Lo mismo de otros estilos: que esté la Mojigata, Queso Magro, las miradas de las murgas jóvenes más jóvenes, nuevas, de las murgas tradicionales. Me parece que cuanto más se abra el abanico más rico es. No sé hace cuánto que él no estaba ejerciendo su rol de poeta murguero. Y esto también ha tenido que ver en la decisión: lo que cantamos del 2022 para acá a mí todavía me sigue retumbando en el corazón y siento que es lo que tengo para decir hoy. Es mi discurso vigente. Mi grito, mi reclamo, mi temor más grande, mi pena y mi bronca todavía están ahí. En este último carnaval compartíamos a la interna y yo le decía a Tabaré: «Creo que si hoy tuviéramos que armar un espectáculo, yo diría algo medio parecido a esto». Tabaré estaba de acuerdo. Hay temas de los que empezamos a hablar en 2007: la rotura suicida del entramado social a tamaño vecinal, las sociedades de odio, el discurso de odio, la brecha, la grieta, la polarización absurda y kamikaze del hermano contra hermano, de hermana contra hermana, nos viene preocupando hace un montón. Me parece que nuestro discurso está vivo. Veo la fecha de caducidad del repertorio y digo «todavía anda». Y hay gente que no lo vio. No se trata de vagancia o de «ya tienen algo y lo exprimen hasta que dé». No, es que realmente es lo que tengo para decir.

La murga ha colaborado con otros artistas como Milo J, por ejemplo. De las colaboraciones que ha tenido el género en el último tiempo con trap, como otras mezclas, otras mixturas que son nuevas. ¿Cuál es tu mirada sobre esa expansión y ese encuentro de la murga con otros géneros?

Me encanta. Me calma, las que hacemos desde La Catalina y las que vemos que hace colectivos colegas, mi inquietud artística. Entiendo que a la murga le entran un montón de cosas adentro. Es un género que tiene su pureza máxima en el mestizaje. Qué ridículo pedirle pureza a la murga, porque es un género impuro por naturaleza.

Hay un montón de puristas de la murga.

Sí, pero ¿de qué? ¿Qué pedigrí le vas a pedir? Por supuesto que hay una manera de ser murguera, pero entiendo que cuando nos ponemos puristas, me incluyo, nos estamos perdiendo una de las mayores posibilidades que tiene. Nace de tomar, no solo diversos géneros sino expresiones artísticas: teatro current, plástica, coreografía, dramaturgia, poesía, humor, ironía, caricatura, rítmica. Lo que vos decís de «esto es un sonido murguero» un poco viene de África, un poco viene de Europa, un poco viene del Caribe, de donde tomamos música prestada para la musicalidad del sonido murguero. De los tangos, de las marchas, de los hits. La sonoridad murguera está compuesta también de todos los hits de las canciones del verano de cada año. Entonces, eso que decís «esto es murga pura». No, es la canción del verano en ese momento o el tango que estaba rompiendo todo, o el bolero, la canción clásica o el jingle de la época. Entonces, siento que las fronteras de lo que es murga siempre están en discusión. Una murga puede ser tremendamente experimental y tremendamente murguera. Por decisión estética o diagnóstico emocional, me gustan las murgas que eligen ciertos carriles tradicionales para comunicar contenidos más novedosos. Me gusta la murga amante del género, me defino como un tipo murguero. Me emocionan las murgas, entonces mi murga very finest en Yamandúlandia siempre va a ir hacia murgas que tienen anclajes de murga tradicional, de las que me emocionan a mí, de las que me gustaría escuchar, las que me gustaría ver si voy al tablado. Y me parece maravilloso que venga alguien como Bizarrap, de los productores musicales más influyentes de Hispanoamérica y diga, «elijo esta textura, pero aparte elijo que suene a murga». Bueno, vamos y lo hacemos. En el Cosquín Rock, en el lugar que estuvo La Catalina cantamos desde con Julieta Rada una versión tiernísima de Vidas Comunes a Rey Toro, que es el steel del más ortodoxo que ahora le entra a la murga, o Trotsky Vengarán. Que la murga entienda que le queda bien el punk y que la banda entienda que es un gustazo tocar con La Catalina o con una murga y que se pueden intervenir esos géneros. Siempre está bueno mirar a la industria y los mandatos del mainstream de reojo, en nuestro caso no son una Biblia a seguir, pero a veces tienen rebotes positivísimos. Ves cruces que decís «capaz que esto acá es más estratégico que otra cosa», pero bienvenido. ¡Bienvenida la mezcolanza! ¡Bienvenida la validación de un montón de cosas que tienen utilidad para un montón de gente. Yo no me lo quiero perder. Aquella gilada del Río de la Plata de Soda o Los Redondos yo no la quisiera fumar más. ¿Y si me gustan los dos, qué?

¿Cómo ves el carnaval fuera de carnaval?

Me gusta mucho, veo todo lo que puedo. Por lo menos ahora estoy en esa. Hay momentos que extraño un montón, paso en un taxi o en un bondi y veo el pizarrón de un súper y pienso que es el de los tablados y lloriqueo. Este carnaval no pude ir a nada, pero vi todo por la tele como un enfermito de carnaval y lo disfruté un montón. Me gusta ver carnaval, me gusta estar atento a lo que hace el resto de los colectivos. Me parece que está bueno, mirar, tomar la temperatura de en qué anda la gente. No solo la que está haciendo, sino la que está viendo.

Volviendo a esto de Terapia de Murga. ¿Qué es terapéutico en la murga y qué es lo que te manda a terapia?

La murga sin duda es lo terapéutico que me manda a terapia de vuelta. Me alimenta y me descarga absolutamente. Me chupa toda la batería a veces y a otras veces siento que soy el que estoy en 100. Todo eso pasa a la vez. La vida en colectivo y la vida de a muchas personas, en lo emocional, en lo laboral, en lo afectivo, la necesito. Es el lugar en el que me encuentro más a mí no es en lo particular particular person sino en lo compartido. Cosa que estoy de hecho trabajando en la terapia loyal es en eso: en valorar mi individualidad no tan diluida en el colectivo. Pensar que eso puede sumar al colectivo, pero que también vale y que necesita ciertos cuidados. Que estoy muy ligado al colectivo, pero no soy el colectivo siempre. Y eso no quiere decir que no lo quiera, no lo valore o no lo defienda.

Yamandú Cardozo, Agarrate Catalina

Hablábamos del emparentamiento de la murga y el candombe. Pero más allá de lo musical y de lo estético, también podemos hablar del contenido: esta mirada de la búsqueda de la reflexión más allá de lo celebratorio.

De repente hay veces que uno necesita cierta sedación o cierto corrimiento de la realidad para respirar un poquito y sobrevivir, pero a mí me gusta pensar idealmente en el humor carnavalero no como amnésico sino todo lo contrario. Un humor que no te hace olvidar de tu realidad, sino que te la recuerda. El dedo en la llaga bien, si existiera eso. Que te recuerda tu realidad, pero que a la misma vez te muestra un gradito de distancia y de mirada que a través del humor permite, no sé si tener la ilusión de modificarla algún día, pero por lo menos de soportarla de otra manera. Transcurrirla con otra rebeldía, con la rebeldía de la alegría. El alcohol en la herida y del cuchillo hirviendo cauterizando, como en las películas de los cowboys, con la risa y con la carcajada más brutal que tengamos. A mí me gusta pensar así en el humor, la crítica y la poesía de la murga también, no como una gilada melosa para olvidar o para fingir una realidad. Algo sí que calme, balsámico, pero desde la hondura. Encontré eso en las canciones de León desde siempre y en muchísimas de las canciones de Rubén también está, desde lo primero que notamos que es la defensa de la alegría como derecho a pararte y a mover las cachas y a cantar a los gritos. Una cosa tan sencilla. En un día tan triste como el de hoy para muchos amigos que queremos mucho, esto de si me muero quiero morirme de alegría. Cantar eso simplemente, que parece tan fácil de entender y es tan difícil. La única cosa que sabemos cuando nos pegan una palmada en el culo y nos largan a vivir es «mira, te vas a morir». Y la gente que tenés alrededor, se va a morir también. Es lo único que sabemos y es lo que más nos cuesta entender. Cantar eso a los gritos es muy terapéutico, es buenísimo y hay cierta cuestión de resistencia desde ahí: desde el cantar, desde el bailar, desde aferrarse a la alegría.

Obtenido de: https://www.elobservador.com.uy//cultura-y-espectaculos/yamandu-cardozo-hace-terapia-murga-el-espejo-la-familia-rada-cuando-leon-gieco-casi-hace-tablados-carnaval-y-una-vida-atravesada-agarrate-catalina-n6041192

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